Pasteles de chocolate y crema de queso

Un amigo utiliza mucho esta frase cuando comparte fotos en las redes: “la vida se mide en momentos”,

y me he tomado la libertad de tomársela prestada para esta entrada, pues el mes de Junio está transcurriendo de esta forma.

Unos días de visita a mi hermana, disfrutando de su compañía, de la complicidad de madre e hijas que ahora, de adultas, parecemos más tres amigas que familia.

Unas breves vacaciones a la playa de mi infancia, con otra de las mejores compañías posibles, mis dos mejores amigos, y largos días de arena, agua y sol, que cuando nos dan unos trajes de baño, buen tiempo y muchas horas sin hacer nada, nosotros somos capaces de todo.

Que color tan maravilloso tiene la vida cuando te regala momentos así, y si son seguidos, improvisados, son tan sorprendentes y completos que hasta la vuelta a casa se vive como la llegada a un nuevo lugar de ensueño. Y es que cuando somos felices, las cuatro paredes que nos acompañan a diario se viven con otro color.

Un abrazo de tu pareja, esa cara que dice sin hablar “te he echado de menos”, esa sensación acogedora de vuelta al hogar con una maleta cargada de momentos únicos… hace que este año, sin saber que deparará el resto del verano, no pueda quejarme como cada año, de que el trabajo no nos deja tener vacaciones en esta época.

Los viajes te animan a volver a salir de casa, los amigos te remueven las ganas de intentar verlos más a menudo y las ausencias son la excusa perfecta para emprender una nueva aventura en la que los que no estaban, puedan participar.

Si a esta plenitud que me ha tenido embriagada le añadimos la mejor noticia que podía recibir este verano: ¡mi gaditana vuelve al sur!, esa amiga de la que os he hablado alguna vez, que se mudó a Navarra para unos supuestos 2-3 años y ya lleva casi 10 lejos de mis brazos.

Pues a tanta buena nueva, algo malo había que añadir, será cosa del ying-yang, para equilibrar fuerzas y no levantar demasiado los pies del suelo, y el toque amargo, pero muy poco amargo, fue la receta de la semana pasada.

Como de pronto surgieron planes, quise dejar preparados unos polos de chocolate y yogur para publicar, ideales para combatir el calor que nos acosa últimamente, pero los moldes nuevos que he comprado a un precio no pequeño precisamente, me han salido muy malos, son casi imposibles de desmoldar y cuando lo consigues los polos salen rotos o con los bordes mal marcados, por eso la semana pasada no os dejé ningún post. Y ante ese sinsabor y las ganas de veros de nuevo, hoy he encendido el horno a pesar de los 42 grados que amenazan en la calle y os he preparado de nuevo estos pastelitos, que ya hice hace unos meses para el catering de la fiesta de confirmación de mi prima y que a todos encantó sobremanera.

Espero que os guste!

 

INGREDIENTES:

Para el bizcocho:

3 huevos L

150 gr harina

150 gr azúcar

60 gr cacao puro sin azúcar (he usado Valor)

200 ml aceite de girasol

1 yogur natural sin azúcar

8 gr levadura

Para la crema:

250 gr queso crema

100 gr mantequilla sin sal

100 gr azúcar glass

20 ml de leche

Para preparar el bizcocho precalentamos el horno a 180 grados con calor arriba y abajo.

En un bol ponemos los huevos, el azúcar y el yogur, batimos con las varillas eléctricas hasta integrar todos los ingredientes, añadimos el aceite y volvemos a batir, después ponemos la harina y la levadura y seguimos batiendo con las varillas hasta integrar. Añadir por último el cacao en polvo e integrar con las varillas.

Repartimos la masa sobre una bandeja para hornear forrada de papel vegetal, yo he usado una de 24X14.

Horneamos 40 minutos aproximadamente, dejamos enfriar y desmoldamos sobre una hoja de papel vegetal limpia y seca.

Mientras se enfría el bizcocho preparamos la crema, también de forma muy sencilla: en un bol ponemos todos los ingredientes y batimos con las varillas eléctricas hasta tener una crema uniforme y sin grumos.

Abrimos el bizcocho por la mitad con la ayuda de una lira o un cuchillo largo y fino, rellenamos con la crema intentando repartirla de forma homogénea para que todos los pasteles tengan el mismo grosor. Tapamos con la otra capa de bizcocho y dejamos enfriar en la nevera al menos 1 hora antes de cortar la plancha en cuadrados para servir los pasteles individuales.

Buen provecho!

Nota: son unos pasteles ideales para el verano porque el bizcocho es muy húmedo y se conserva perfectamente en la nevera en un taper para comer fresquitos y duran hasta 3-4 días en perfecto estado.

Nota 2: Nos vemos el viernes 30 con un nuevo Juego de blogueros.

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6 comentarios en “Pasteles de chocolate y crema de queso

    • Gracias!! Reconozco que a veces contracorriente en la cocina, me encanta hornear pan en verano (porque leva mejor), comerme un buen puchero (con el aire acondicionado puesto) y cosas así, pero sobre todo reconozco que mi cocina está semi abierta al salón y con retirarme un poco del horno ya noto el frescor del aire en la nuca, je je. Gracias por pasarte y feliz que me haces si te gusta la receta. Un besote!!

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  1. ¡¡Hola Noelia!! Pues vaya comienzo de verano más bueno estás teniendo, además, a ti te encanta esta época y te aseguro que hasta nos lo trasmites a través de tus palabras. También me alegro que tu amiga vuelva y con poco siempre sacaréis más tiempo para veros que en el lugar donde estaba antes.
    Lo de los polos a mi también me ha pasado, y lo peor, se me ha roto el palo de tanto estirar y ya no hay manera de sacarlos del molde. Los de Silikomart me regalaron unos de silicona y ¡¡esos si que se sacan bien!! Los de plástico, por lo menos los míos, son un desastre. En la tienda Casa que me compré unos también de plástico que hasta el momento no se me han roto y más o menos se sacan bien.
    Y mira, gracias a que los helados no funcionaran nos has traído unos pasteles riquísimos, y fresquitos, ¡¡qué ricos!! Me recuerdan a esos que venden en Mercadona que están refrigerados donde los yogures, creo que son de la marca Kinder y tienen un dibujo de pingüinos, pues se parecen a esos, y si además están igual de buenos, te aseguro que los prefiero a los polos, además, estos tienen chocolate, ja, ja. Pero bueno, estos pasteles me los comería como postre o merienda y los polos como refrigerio, así que creo que no podría renunciar a nada, je, je.
    Entonces, la semana siguiente toca juego de blogueros, ya fin de mes, ¡¡cómo pasa el tiempo!! Pues nos vemos entonces. Besitos.

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    • Hola Isa, ahora que lo dices los pastelitos se parecen en sabor a los de kinder, ¡ya sabía yo que me recordaban a algo! Pero con lo bueno de ser caseros, y es que no te dejan ese regusto metálico del envase. Los moldes de los polos directamente los he tirado, para que no me de la tentación de volver a usarlos y estropear otra receta. La semana próxima se nos acaba el mes y es que a veces el tiempo vuela!! Aún no he decidido si el juego de blogueros será la última entrada de la temporada y así darle un respiro a la cocina y coger fuerzas… ya iré viendo con los días, de momento voy sacando tiempo para no perderme vuestras propuestas. Un besazo y feliz finde!

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  2. Hola Noelia, empezar así el verano da gusto. Te carga las pilas para soportar el calor estival. Esos momentos son los que quedan para siempre.
    Los pastelitos me han enamorado, están diciendo cómeme. Me dan ganas de encender el horno!!!!!! El jueves cojo vacaciones y ya tengo la cocina operativa así que me los apunto en pendientes.
    Un besazo!!!!

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